martes, 6 de octubre de 2009

7. EL TRAJE DE PAPÁ

Smith se calzó unas sandalias. Le hacían parecer una chica, pero hacía un calor horrible y tenía que ir bien aireado para no sudar. La gente suda cuando tiene algo que ocultar; lo había comprobado cientos de veces.
Salió de su habitación y saludo a su madre.
- ¿Voy bien así?
- ¿Adónde?
- Al banco, ya te lo dije.
- ¿Pero eso no era mañana?
- Sí, pero he pensado en pasarme por ahí, a ver si todo está correcto...
- Pues así vas mal. Un desastre. Tienes que ir serio... Formal, elegante... Da igual que no necesites avalista. Esa gente no suelta el dinero así como así...
- Pero...
- Anda, entra y pruébate el traje ver si te entra, que no sé yo... ¿Cómo quieres que... yendo con esas pintas de...?
- Vaaale... ¿Me pongo el de la boda de Sarah? –preguntó Smith abriendo el armario.
- Claro, sólo tienes ése.
- También tengo el de papá...
Su madre se dirigió a la cocina.
Smith abrió otro armario. Luego entró en el vestidor de sus padres y lo revisó durante un rato.
- ¿Dónde está?
- Estaba viejo –dijo su madre mientras abría el horno.
- Era de papá.
- Estaba roto, sucio, viejo... y...
- Papá me lo dio a mí.
- Te quedaba pequeño y...
- Joder, te dejó la casa, el dinero, la pescadería, el...
- Todo lo mío es tuyo. Y de Frank.
Frank babeaba en su silla, ajeno a todo.
- Pero el traje era mío. Sólo mío. No tenías derecho.
- Me daba pena, ¿es que no puedes entenderlo? Tú no vivías aquí, no sabes lo sola que me he sentido... Las fotos, los... Todas las cosas de tu padre... Ya no aguantaba más...
Empezó a llorar. Sacó la bandeja del horno y la dejó en la encimera, sobre la tabla. Secó las lágrimas con el trapo.
- Casi todo lo que puede interesarte está en el almacén de Tío Jack. El traje... lo guardé hasta que no pude más... y lo llevé a la iglesia hace... seis meses o así, no sé.
Smith la miró. Luego se fijó en las galletas, demasiado calientes.
- Era mío.
Entró en su habitación, se vistió, cogió su maletín y salió por el jardín, mientras su madre lloraba a moco tendido en el sofá.
Caminó un par de manzanas mirando a la nada, hasta llegar a la pescadería.
- ¿Por qué me seguís? –preguntó en alto.
- ¿Eres John Smith?
Smith los miró: dos chavales, sudamericanos. Mala pinta.
- ¿Sois de una banda?
- Tenemos un mensaje que darte.
- El Señor Henderson sigue enfadado, ¿no?
Los chicos se miraron. No parecían entender a qué se refería.
- Imagino que querréis darme una paliza.
- Eh... Sólo es una aviso, sí...
Smith se sentó en el suelo. Colocó su cabeza entre las manos y se echó a llorar.
- Oye... tío...
- Lo siento, pero... es que, tengo... un nudo, aquí... que...
El más joven, de unos veinte años se sentó a su lado.
- ¿Qué haces? –preguntó el otro.
- Míralo, está hecho una mierda... No vamos a pegar a un pobre imbécil de esta manera.
- Joder, ¿y la pasta?
Smith levantó la cabeza. Tenía la cara empapada. Se miraron durante un siglo.
- Os invito a una copa.

Tras una docena de “cerdos locos” en el bar de Billy, todo se volvió confuso para Smith. Pasaron media noche en el chiringuito de Fred, donde se raparon levemente la cabeza en un gesto de hermandad alcohólica, y la otra media en el burdel de Annie. Pagó Smith. Todo, aunque no hizo otra cosa que llorar, tatuarse un brazo y beber en la barra.

A las diez de la mañana, salió de un coche robado y se dejó caer en la acera.

- Eh, Johnny –dijo Juan, el más joven, desde el coche- para que no pienses cosas raras... Lo hemos pasado de puta madre... Pero esto no cambia nada, ¿vale?
- Tengo que... ir... al banco...
- Ya, ya, por eso te dejamos aquí.
Pedro sacó su móvil. Empezó a grabar.
- Soy... detective...
- Sí, ya nos lo has contado...
- Tengo que... al banco...
- Está ahí mismo...
- Mi... padre... decía...
- Escucha. No te pases de listo. Somos colegas de Ricky, el hermano de Sonia, ¿entiendes?
Smith lo miró. Se apoyó en la pared.
- Si te preguntan, te dimos una buenas hostias, ¿te queda claro?
- Claro... Clarísimo... Joder... Sois... aco... jonantes...
- Y déjala en paz. Sabe que eres tú el que llamas...
- Joder, es poli, Johnny, tendrás el teléfono pinchado o algo, piénsalo –dijo el otro.
- Sois... ¿y mi... maletín?
- Se lo cambiaste a un negro por esa bolsa llena de bragas... Venga, vete al banco... Hoy es tu día de suerte, detective.


Puedes descargar el vídeo aquí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJA!