martes, 3 de noviembre de 2009

9. LOS HOMBRES DE POPESCU

Gordon no podía estarse quieto; recorría su despacho, de un lado a otro, sin parar, mientras Brubaker jugaba con su ipod, relajado.
- Descansa un poco, Gordy.
- No, no, no... Ya verás, será cojonudo...
- Oye, nadie más que yo quiere joder a Popescu, pero tampoco es como para ponerse así... El tren pasará de nuevo... el cabrón tiene intereses en Florida, ya le pillaremos...
- No, no... Hazme caso, tengo a la persona adecuada. Y esto nos ha caído del cielo... El mierdoso traidor no puede relacionarnos, lo tenemos donde queremos.
Brubaker se levantó y sacó un paquete de tabaco del bolsillo interior de la chaqueta.
- ¿Se puede fumar aquí?
- Claro que no... Pero hazlo; a mí me da igual.
- Oye... Estás... ¿lo estás diciendo en serio?
- ¿El qué?
- Ese tío... ¿es gafe?
Gordon sonrió.
- No, no sé... Yo no creo en esas cosas... pero si creyese... Joder, es un hijo de puta cabrón, que todo lo que toca... se inunda de mierda.
Brubaker encendió su cigarro.
Hacía diez años, el agente secreto Popescu llegó a Estados Unidos con una misión de colaboración entre gobiernos: unos mafiosos rumanos trataban de implantar en Long Island un laboratorio para sintetizar una droga alucinógena. Gordon y Brubaker, recien incorporados a las OE, las operaciones especiales que el gobierno nunca reconoce, formaron equipo con él y desmantelaron el local, matando a dos supuestos narcos. No encontraron nada y la prensa fue muy dura con los agentes. Popescu se volvió para casa.
Y ascendió como la espuma. Brubaker investigó sus cuentas y quedó claro que se había ido de la lengua: pasó a ser un tipo importante en Rumanía, aconsejando a Gobierno y Servicio de Seguridad. Y cobrando muy bien por ello.
Gordon y Brubaker volvieron a empezar de cero: se separaron y perdieron un par de años limpiando su nombre y chupando culos. Pero les fue bien, y Dios les daba una oportunidad.
Sonó el móvil de Gordon.
- ¿Smith?
- Dime Gordon, ¿qué tienes para mí?
- Espera, John... Te diré que Sam Brubaker, un compañero del FBI está en mi despacho... y escuchará esta conversación.
- Hola John... Gordon me ha hablado muy bien de ti -dijo Brubaker en voz alta.
- Ah... Hola Brundaker.
- Brubaker.
- Sí, eso.
- Verás John -dijo Gordon-, nos ha llegado una petición de Timişoara. ¿Sabes dónde esta?
- Eh... ¿Asia?
- No, es Rumanía, en Europa.
- Sí, es verdad, perdona...
Brubaker sonrió.
- Verás, el Timişoara se enfrenta al Zagreb y...
- ¿Están en guerra?
- No, no, es fútbol... eso que juegan con los pies, ya sabes...
- Ah, sí... Putos chiflados...
- Bien, pues resulta que el consejero Popescu se ha visto obligado a pedir ayuda a Estados Unidos, porque allí se lían a hostias por cualquier cosa... y el deporte va muy unido a la violencia... Y se temen lo peor.
- ¿Y vamos a mandar tropas?
- No, joder, ¿estás loco?
Brubaker encendió otro cigarrillo.
- Yo qué sé... Creía que me llamabas por lo de mi dinero...
- John, te he dicho que ésta... no es una conversación privada –dijo Gordon, guiñando un ojo a su amigo.
- Sí, perdona. Tienes razón...
- Popescu necesita un instructor, que entrene a un equipo de antidisturbios. Y tiene que hacerlo en tres semanas.
Smith no dijo nada.
- Había pensado en ti, John... Así podría pagarte un adelanto y... En fin, ¿cómo llevas lo de la agencia?
- Viento en popa... Estoy currando como nunca...
- Oh, entonces no te interesa el...
- Sí, sí... Me vendrá bien un poco de... ya sabes... con los chavales... ¿Pero qué tiene que ver Asuntos Internos con todo esto?
- Brubaker ha venido a pedirme consejo... Ahora atiende. Llegarán mañana. Te mandaremos el dossier por email, pero no le hagas mucho caso: dice que hay que prescindir de perros y que el grupo nunca irá a pie... pero Brubaker y yo pensamos que eso son mariconadas ¿no? Da igual que la comisaría esté a doce kilómetros... Que corran un poco les vendrá bien -llegó a decir, mientras trataba ahogar una carcajada furtiva-. Son una docena de gorilas, los mejores... y hacen de todo: en ese puto continente viven prácticamente en la edad media, ¿sabes? No importa lo fuerte que actúen... todo les parecerá bien, ¿vale?
- Entiendo... Perros... Sí, estoy de acuerdo... Y teniendo en cuenta lo que me dices... Si, todo encaja... Un poco de ejercicio antes de dar de hostias a esos putos locos... Espera que... me lo... apunto... Bien, bien... ¿Y ese Popescu... por qué no pide ayuda a los franceses?
- Eh... Verás... Porque... tiene intereses económicos en...
- ¿En Francia?
- Eso es confidencial, Smith –dijo Brubaker.
Gordon sonrió.
- Popescu nos ha llegado de rebote, Johnny... y tenemos que hacer un buen trabajo... Tienen que parecer entrenados por el mejor... Porque va a haber televisión, y periodistas... Joder, John, tienen que parecer putos ninjas, ¿estamos?
- Cuenta conmigo, Gordy. Soy el puto amo, ¿recuerdas?

Smith entrenó a los policías rumanos. El partido se celebró. Hubo diversos incidentes: muertos y heridos por decenas. Hubo televisión. Periodistas.

Smith cobró una suma considerable. Popescu fue obligado a dejar su cargo y el gobierno censuró casi toda grabación realizada ese día. Pero alguna se salvó y Gordon y Brubaker lo celebraron viendo este vídeo una y otra vez:

Puedes descargarlo aquí.

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